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TISHÁ BEAV

Leyes y costumbres acerca de los nueve días de Tishá BeAv

T ishá Be Av, el noveno día del mes de Av, es un día de duelo para los judíos. Es el día en que se recuerda la destrucción de los dos templos de Jerusalén, así como una serie de tragedias que han sucedido en el pueblo judío a lo largo de la historia.

Durante los nueve días antes de Tishá Be Av (comienzan este viernes 5 de agosto) se sigue una serie de costumbres y leyes. No comemos carne o pollo, no tomamos vino, no nos cortamos el pelo, no nos damos baños de placer, ni lavamos la ropa si no va a ser usada de nuevo durante los nueve días. No escuchamos música ni celebramos fiestas. El motivo es que todas estas acciones se consideran signos de alegría o de lujo, y que no son apropiadas para este momento. También evitamos actividades de riesgo, siendo más cuidadosos de lo usual.

Tishá BeAv no puede observarse en Shabat, por lo que si la fecha cae en ese día, como en esta ocasión, se pospone hasta el domingo (el ayuno comenzará el sábado 13 de agosto, culminando el domingo 14 con la salida de las estrellas). Cuando es así, hay algunos pequeños cambios en el servicio de la tarde de Shabat. Además, durante la havdalá (la ceremonia de clausura del sábado), la bendición sobre el vino se pospone hasta después del ayuno en la noche del domingo, aunque la bendición sobre la vela sí se dice al final del Shabat.

Cuando la tarde anterior a Tishá BeAv cae en Shabat, no se hace la Seudá Hamafseket con huevos y cenizas. En cambio, se come la “tercera comida” regular de Shabat, pero sin huéspedes ni ambiente festivo.

En la sinagoga, las luces se atenúan y los parojet ornamentales (cobertura) se quitan del arca como señal de duelo antes del servicio de la tarde.

Las leyes de Tishá BeAv comienzan con la caída del sol, e incluyen las siguientes expresiones de duelo:


1. No se puede comer ni beber hasta el anochecer de la tarde siguiente. Las mujeres embarazadas o amamantando también deben ayunar. Si uno sospecha que puede ser nocivo para el bebé o la madre, se debe consultar a un rabino.

  • Una mujer dentro de los 30 días posteriores al parto no tiene que ayunar.
  • Las personas mayores, débiles o enfermas deben consultar con un rabino.
  • En caso de mucho malestar, se puede enjuagar la boca con agua. Se debe tener mucho cuidado de no tragar nada.

  • 2. Otras prohibiciones incluyen:

  • Cualquier baño o lavado, a excepción de la remoción de suciedad específica, por ejemplo en los ojos. Al levantarnos por la mañana, antes de los rezos, o después de usar el baño, solo nos lavamos los dedos. A partir del mediodía sí se puede hacer netilat yadaim (lavado de las manos completas) y actividades como cocinar.
  • Untarse cremas por placer (el desodorante está permitido).
  • Tener relaciones maritales.
  • Utilizar calzados de cuero (se pueden utilizar cinturones de cuero).
  • Estudiar Torá, porque es una actividad placentera. Está permitido estudiar textos sobre Tishá BeAv y duelo, por ejemplo Eijá (el Libro de las Lamentaciones), el Libro de Job, partes del Tratado Moed Katán, Gitín 56-58, Sanhedrín 104, el final del tratado Taanit del Talmud Yerushalmi, y las leyes de duelo. El estudio en profundidad debe ser evitado. Tampoco se puede rezar Tehilim (salmos) en este día.

  • 3. Otras prácticas de duelo incluyen:

  • Sentarse a no más de 30 centímetros del suelo. Después del mediodía, uno se puede sentar en una silla.
  • No involucrarse en negocios ni otras tareas que distraigan la atención, a menos que esto resulte en una pérdida sustancial.
  • Abstenerse de saludar a otros y de ofrecer regalos.
  • Evitar charlas ociosas o actividades de esparcimiento.

  • La comida para romper el ayuno se hace tradicionalmente sin carne ni vino, por el hecho de que el incendio del templo continuó hasta el día siguiente. El 10 de Av al mediodía terminan todas las costumbres de duelo. El dolor que comenzó el 17 de Tamuz se detiene, y el Shabat inmediatamente posterior a Tishá BeAv es llamado Shabat Nahamu (Shabat de consuelo), debido a que la haftará comienza con las palabras nahamu nahamu amí (“consuelo, consuelo para mi gente”). Así comienza un período de consuelo y comodidad que conduce a Rosh Hashaná.

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