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OPINIÓN

Eshet Jayil

Max Sihman*

“Mujer virtuosa”, una expresión trascendental en la costumbre judía, al entonar una melodía que recoge los más significativos párrafos escritos por el rey Salomón en su extraordinaria lírica dedicada a la mujer, y que escribió en sus años de vejez.

Kohelet (Eclesiastés), en su versión final, expresa el contenido de toda una reflexión de un poderoso rey, cuya gloria y poder concluye en “vanidad de vanidades”. El Proverbio 31 se atribuye al rey Salomón: equidad, justicia, rectitud, pero sobre todo sabiduría. Lo que resulta sorprendente para un rey, quien durante su esplendor y poder expresa, en una prosa de extraordinaria belleza, toda la profundidad y conocimiento de la relación hombre-mujer.

En el contexto de una hegemonía absoluta, y bajo las leyes e imposiciones de la época, no ejerció coacción ni vejámenes ante la vulnerabilidad en que sus múltiples doncellas cohabitaban en el poligámico entorno de un soberano. En los versos del Eshet Jayil, la mujer temerosa de Dios será siempre alabada. La mujer virtuosa la encontrará su esposo desde lejos, sus perlas resaltarán. Engañosa es la gracia y la belleza, todo es vanidad, es vanidad.

Al comienzo de la cena de shabat, una vez recitado el Kidush, acostumbramos entonar el Eshet Jayil con todo su contenido y dulzura, cuya esencia se refiere a la Ima (madre) del hogar, a quien honramos, respetamos y amamos sobre todas las efímeras expresiones de belleza exterior, exaltando su virtuosidad reflejada en su condición judía.

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