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VIDA RELIGIOSA

¡Escucha el mensaje!… Para después ya es tarde



Moré David Chocrón
Unión Israelita de Caracas
moredavidchocron@gmail.com

R abí Natán Sternhartz (1780-1844), en nombre de su maestro rabí Najmán de Breslev (Ucrania, 1772-1810) en su obra Likutey Etzot, explica que la verdadera alegría proviene del cumplimiento de las mitzvot. Cuanto más se comprenda la verdadera grandeza del Creador, mayor será la alegría que se experimente al cumplir con los preceptos. Se comenzará a comprender cuán privilegiado se es al poder cumplir con la voluntad de Dios, quien es, fue y será por toda la eternidad. La alegría producida por las mitzvot (preceptos) que realizamos a lo largo del año se recolecta, si así pudiera decirse, en las tres festividades. Esto constituye la alegría de la festividad. Todos los puntos buenos de las mitzvot que cumplimos durante el año son reunidos y concentrados en la festividad, cuando la alegría se vuelve realmente palpable. Si durante los otros días del año hacemos el esfuerzo de buscar la sagrada alegría que se encuentra en el cumplimiento de las mitzvot, esta “alegría de la festividad” será accesible también todos los demás días del año. Pero en las festividades la alegría es algo especial.

La Torá ordena: “Te alegrarás en tus festividades” (Deuteronomio 16:14). La alegría de las festividades se construye a través de la alegría de las mitzvot realizadas durante el año. No hay límites para esta alegría.

Una manera de quebrar el orgullo personal es honrar las festividades de la manera adecuada, celebrándolas con alegría y deleite, con buena comida y finas vestimentas, en la medida de nuestras posibilidades.

Celebrar las festividades de la manera adecuada equivale a unirte al tzadik de la generación y recibir sus enseñanzas, ya sea a través de sus libros o de su influencia ejemplar sobre nuestro carácter judío. Cuanto más te unes al tzadik, más experimentarás la santidad de las festividades. Con esto se liberan y retornan a su verdadero lugar las fuerzas de santidad atrapadas en las garras de las cáscaras (o klipot) de la impureza cotidiana. Y así se anula y destruye el poder del mal y el gobierno de los idólatras sobre el pueblo de Israel.

Durante las festividades debemos retornar a Dios con alegría. En cada festividad el mundo es sometido a juicio, tal como han enseñado nuestros sabios en el Talmud Babilonio en el Tratado de Rosh Hashaná, folio 16. El tiempo del juicio es un tiempo de teshuvá, retorno y arrepentimiento. Mediante la teshuvá se liberan las fuerzas de santidad atrapadas por las cáscaras y se acerca la redención final.

Hay diferentes maneras de honrar las festividades: con buena comida y bebida, con hermosas vestimentas, con pensamientos puros y santos, con alegría y felicidad, y demás. Honrando las festividades es posible alcanzar el conocimiento del Santo, bendito sea, y llevar este conocimiento hacia el corazón, que es el asiento del deseo y la pasión.

Los tres deseos principales, raíz de todos los demás deseos, son: el anhelo de riquezas, el apetito sexual y la pasión por la comida. Cada una de las festividades tiene el poder de contrarrestar uno de estos deseos. Pésaj contrarresta el deseo de dinero, Shavuot el instinto sexual y Sucot el impulso de comer en exceso. Debido a que las festividades poseen estos poderes especiales, es necesario tener el cuidado de celebrarlas con el respeto apropiado. De esta manera, uno se liberará de esos deseos. Tenemos la tarea de dominar y refinar estos aspectos de nuestro carácter. Cuando lo logramos, nos abrimos a experiencias que son realmente proféticas y pueden alcanzar la plegaria genuina (hablar con el Creador), la verdadera curación (refua shelema) y la contemplación de las chispas de Mashíaj. Finalmente, llegará a dominar a los ángeles, que es el propósito mismo por el cual fue creado el judío, y es el destino último de Israel.

Las festividades proclaman y revelan la voluntad (ratzón) de Dios, que gobierna sobre todo. No hay tal cosa como lo “inevitable de la naturaleza” (no hay naturaleza que deba tener poder contra nosotros). Cada festividad conmemora las tremendas señales y milagros que Dios realizó por nosotros, todas ellas contrarias a la naturaleza. Pésaj conmemora la salida de Egipto. Shavuot recuerda la entrega de la Torá. En Sucot recordamos las nubes de gloria que nos rodeaban en el desierto. A través de estas tremendas señales y maravillas se reveló que todo proviene únicamente de la voluntad de Dios. No existe nada inevitable en la naturaleza. ¿Qué haces trabajando y ausente de la sinagoga? No nos quejemos después de la asimilación y del antisemitismo. La pelota está en nuestro terreno. Para después, ya es tarde.

Debes abrir tus oídos y tu corazón al santo mensaje proclamado entonces. Cuanto más atentamente escuches este mensaje, más grande será la alegría que puedas alcanzar durante la festividad. Sino alcanzas tal alegría, tu Judaísmo está fallando. Esta alegría se logra mediante los actos de caridad y bondad. Es por ello que antes de cada festividad debemos dar caridad generosamente para experimentar la verdadera alegría de la festividad.

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